Lied

David Alegret, la voz de Toldrà

Viernes 7 Febrero 2020

El pasado martes día 4 de febrero, el tenor David Alegret y el pianista y compositor Albert Guinovart ofrecieron un recital con motivo del 125 aniversario de Eduard Toldrà, donde se interpretaron canciones de poetas como Trinidad Catassús, Joan Maragall, Josep Carner, Tomàs Garcés y Josep Maria de Sagarra. Una noche emotiva donde se constató lo que Narcisa Toldrà siempre defensa, que David Alegret es la voz que mejor expresa las ideas estéticas de su padre.

 

En un año de reconocimientos y aniversarios, el concierto del ciclo Intèrprets Catalans en el Palau con David Alegret y Albert Guinovart toma máxima relevancia, teniendo en cuenta que celebramos el 125 aniversario de Eduard Toldrà, pero también el 50 aniversario de la muerte de Josep Carner (efeméride homónima para Robert Gerhard). Es difícil sobresalir en una temporada donde Beethoven es de forma omnipresente, pero el otro día, en el Petit Palau, emergió una luz serena y pura, brillante y clara, a la vez que cálida y sincera, emotiva y llena de belleza, como la voz de Alegret. El tenor inició su carrera con Festeig, de Toldrà, y ya quedó ligado musicalmente y emocionalmente para toda la vida, y se ha convertido el intérprete por excelencia del compositor catalán.
 
Quienes ya estamos acostumbrados a la voz de Alegret sabemos que no será necesario el programa de mano para seguir los textos: la dicción del tenor es envidiable, con una pronunciación luminosa de las vocales y precisa en las consonantes, que se integra armoniosamente con la partitura. La voz de David Alegret adoptó varios colores, totalmente coherentes con lo que expresaban la partitura y el texto, así como el uso de los reguladores trascendió la excelencia y la expresividad de la voz, la mirada y el gesto eran nada menos que sublimes: Alegret cantaba desde el corazón.
  
El programa estaba cuidadosamente trabajado, incluyendo las canciones más populares del compositor, como las que conforman el ciclo A l’ombra del lledoner (de Tomàs Garcés), Festeig (Joan Maragall) o el Romanç de Santa Llúcia (Josep Maria de Sagarra ), pero también Abril, Cançó d’un bell amor o Maig, de Trinitat Catassús. Sin embargo, el tenor, comprometido con la divulgación del patrimonio catalán, también quiso homenajear Josep Carner, cantando Menta i farigola, Cançó incerta, El gessamí i la rosa, Recança, Els obercocs i les petites collidores o Canticel. En esta línea, incluyó una composición de Alicia de Larrocha, Cançó d’un doble amor, que entra en coherencia con el programa para esta doble vertiente de musicar Carner y convertirse en una pianista que sería decisiva para Victoria de los Ángeles, a quien Alegret siendo tanta estima y por su talento y color inconfundible, pero también por ser una gran divulgadora de las obras de Toldrà. Albert Guinovart entraba en escena para ser, precisamente, un pianista muy cercano a Victoria de los Ángeles y, al mismo tiempo, gran conocedor del repertorio.
 
El programa se cerraba con tres intervenciones pianísticas originales de Guinovart que no desentonaban con la estética toldariana, con aires impresionistas e impregnados de estética francesa de principios del veinte. Paràfrasi sobre ‘La camperola’ d’Eduard Toldrà sonó con delicadeza y con unas voces que se entrelazaban orgánicamente, mientras Nocturn a Maria está plenamente influenciada por la música de Satie, con una sonoridad etérea y unas armonías originales y en consonancia localizada, pero con un final sorprendente, y T’estim, un poema de Manuel Forcano, es musicado con gran agudeza estética aunque, tal vez, nos faltaba un poco más de riesgo en las tensiones armónicas.
 
Las obras de Toldrà, de la mano de Alegret, están envueltas por una aura etérea y, al mismo tiempo, totalmente definida, canciones de una extrema dificultad que Alegret parece cantar como si fuera la tarea más sencilla. Son obras arraigadas en la Tierra y que rinden culto a la Naturaleza. Pero es una naturaleza humanizada: ya no es la de los románticos, sublime e inalcanzable, sino que son los campos que cultivamos o la sombra de los árboles donde nos enamoramos. En este sentido, Toldrà, en sublimar los poemas al poner música, también nos los acerca, porque se inventa un nuevo género: la canción culta, comparable al lied alemán o la mélodie francesa. Los grandes genios abren paso, y David Alegret ha filtrado por los caminos inexorables de la creación por captar hasta la esencia última del espíritu de un arte que, tal vez, es el más depurado de todos.

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